¿Cuál es la diferencia entre bourbon y whisky?

Aunque a menudo la gente los confunda o los pida indistintamente pensando que se trata de lo mismo, hay una notable diferencia entre bourbon y whisky que va mucho más allá de su procedencia. De este modo, vamos a ver de qué hablamos cuando nos referimos al bourbonamericano o al whisky.

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Ingrediente principal y otras circunstancias

Una vez que hemos dejado claro que podemos empezar a marcar la diferencia entre bourbon y whisky a partir de su lugar de origen, EEUU e Irlanda y Escocia, respectivamente, vamos a ver otros rasgos en los que difieren. El primero que podríamos señalar es el ingrediente principal que se emplea en cada uno, siendo el maíz en el caso del bourbon y la cebada malteada en el whisky, lo que, obviamente, da lugar a sabores distintos.

Así, el bourbon es notablemente más dulce y más fuerte el whisky. Probablemente, también influye en ello el hecho de que las barricas que se usan para curar el bourbon, de roble y por lo general previamente quemadas para dar ese característico toque ahumado, han de ser siempre nuevas. Tras el primer uso, suelen venderse a marcas de whisky.

Entretanto, el proceso de curación también difiere, ya que para envejecer el whisky hay que esperar tres años normalmente, mientras que con el bourbon pueden emplearse dos. No obstante, el bourbon de cierta calidad ha de estar un mínimo de cuatro años en las barricas. Por último, existe más control del grado de alcohol a lo largo de todo el proceso de elaboración del bourbon que en el caso de su pariente irlandés o escocés.

Bourbon y whisky americano

Además de la diferencia entre el bourbon y el whisky, hay que hacer alusión a lo que se denomina whisky americano. Y es que, por cuestiones legales, sólo se considera bourbon al elaborado en Tenesse, por lo que cualquier otro elaborado en distintos condados suele conocerse como whisky americano. También ocurre en el caso de que no estén hechos únicamente de maíz, o si proceden de distintos barriles.

 Fuente: Exite

Gastrofestival 2015, del 31 de enero al 15 de febrero en Madrid

‘Comiendo uvas’, la acuarela que puede verse bajo estas líneas, es una de las obras del maestro Joaquín Sorolla que atesora el museo homónimo de Madrid. El cuadro guarda relación con la gastronomía y, precisamente por eso, fue uno de los muchos protagonistas de las muchas actividades que se celebraron en el marco de Gastrofestival 2014, una iniciativa de Madrid Fusión y del Ayuntamiento de la capital que pretende rendir “homenaje a la gastronomía, no sólo desde un punto de vista culinario sino también desde ámbitos como el arte, el cine o la moda”, según se explica en su página web.ComiendoUvas_MuseoSorolla.jpg

En 2015 volverá a celebrarse una nueva edición de Gastrofestival. Será la sexta y tendrá lugar del 31 de enero al 15 de febrero por las calles de la capital. Comenzará unos pocos días antes que Madrid Fusión, que abre sus puertas el 2 de febrero bajo el lema “Cocinas viajeras. Una aventura por el  conocimiento”. Gastrofestival 2015 se presentará oficialmente este viernes 16 de enero.

     Fuente de la imagen: GastroFestival 2014.

Siete secciones en 2014

Madrid Fusión y el Ayuntamiento de Madrid tienen varios objetivos para Gastrofestival. Por un lado, quieren “dar a conocer uno de los principales atractivos turísticos de la capital, la gastronomía”. Por otro, rendir un gran tributo culinario a través de muchas otras facetas que guardan una íntima relación con la cocina. En la edición de 2014 de Gastrofestival, esto se articuló a través de siete secciones. Había una dedicada a experiencias sensoriales, de las que se podía disfrutar a través de rutas, catas e instalaciones efímeras, entre otras actividades. Bajo el término ‘Gastrocultura’, por ejemplo, se englobaron toda una serie de iniciativas en torno al arte, la fotografía, el cine, la música y el teatro. Y en la sección llamada ‘Madrid Gastronómico’ se celebraron degustaciones y talleres en escuelas de cocina, bares, restaurantes y coctelerías.

Fuente: Apicius.es 

La comida callejera moderna busca su hueco en España

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Uno de los ‘food trucks’ que participaron en las primera edición del evento MadrEAT. (MadrEAT)

 

 El fenómeno del ‘street food’ no puede desarrollarse en España debido a las estrictas normativas municipales y autonómicas.

 Los cada vez más populares ‘food trucks’ sólo pueden funcionar en ferias y eventos organizados en recintos privados.

 Esta tendencia arrasa en ciudades como Londres, Nueva York o Copenhague.

En España, el comer y el beber están consideradas dos excelentes actividades lúdicas y de socialización. Triunfan el tapeo, la comida rápida, las terrazas (ya no sólo en verano) y los eventos gastronómicos. Todo parece indicar que la tendencia del street food, la moderna comida callejera, lo tiene fácil para arrasar en ciudades como Madrid, Sevilla, Valencia o Barcelona.

La esencia no es nueva. De hecho, las calles españolas han estado salpicadas de churrerías, puestos de castañas y kioskos de helados durante décadas. Pero la corriente del street food actual trata de ir un paso más allá con la venta de productos innovadores, de gran calidad y a precios asequibles a través de puestos y, sobre todo, vehículos estacionados en lugares públicos, caravanas y camionetas con cocinas en su interior, los conocidos como food trucks.

 Sin embargo, las delicias sobre ruedas aún tienen varios escollos por delante en este país. La estricta legislación actual prohíbe la venta de cualquier alimento elaborado en la vía pública, así que el único resquicio que les queda a estos negocios son las ferias y eventos organizados en recintos privados.

           La estricta legislación actual prohíbe la venta de cualquier alimento elaborado en la vía pública

En los últimos meses ha habido algunos ejemplos significativos, como el festival de tendencias urbanas Mulafest, donde el street food aparcó durante varios días para deleitar a los asistentes con las delicias orientales del restaurante Kabuki (nigiris, makis, udones…), del chef con estrella Michelín Mario Payán, y con las cervezas artesanales y bocadillos castizos del cada vez más popular food truck La Virgen.

Otro hito fue el estreno de Chef, película de Jean Favreau en la que se narra la historia de un cocinero que abandona los fogones de su restaurante de Los Ángeles para montar un camión de sandwiches con su hijo. En España, como parte de la promoción del filme, se recurrió a Gastón y Priscilla, dos apasionados por la cocina que un día se atrevieron a dejar sus profesiones para lanzarse gastronómicamente a la carretera con su Eureka Street Food, donde ofrecen productos de todas partes del mundo: ceviches, tacos, jamón serrano…

Sin embargo, estos momentos puntuales se quedan cortos para un fenómeno que ya arrasa en ciudades como Londres, Nueva York o Copenhague. Eso ha hecho que cada día surjan más iniciativas que buscan la creación de un marco legal que haga viable en España este negocio cargado de potencial. Con eso ánimo han nacido asociaciones como Street Food Madrid (compuesta por chefs, emprendedores, blogueros, abogados…) y eventos como MadrEAT, que acaba de celebrar su segunda edición y aspira a convertirse en una cita mensual.

La traba de las normativas municipales

 Estanis Carenzo, chef de los restaurantes Sudestada y Chifa e integrante del Consejo Asesor de MadrEAT, asegura que sólo falta un pequeño empujón legal para que esta tendencia encuentre su hueco en este país. “Queremos que se pueda hacer. La gente en España está acostumbrada a disfrutar de la comida y le gusta probar cosas nuevas. La costumbre ya existe, pero nos gustaría desarrollarla. Necesita cambiar un poco la legislación, no tiene más dificultades que esa”, cuenta a 20minutos.

Actualmente, las normativas municipales y autonómicas que afectan a las actividades de la gastronomía callejera (sanidad, estacionamiento, gestión de espacios públicos, impuestos, equipamiento…) son muy restrictivas e impiden el funcionamiento de los food trucks. “Habría que hacer muchos cambios, pero es posible, basta con seguir el ejemplo de algunas importantes capitales europeas que se han volcado en este movimiento como París o Copenhague”, asegura Carenzo.

            En España, la gente relaciona comida rápida con comida mala, pero también hay mucha buena

Existe un segundo obstáculo para el street food, pero es más fácil de superar. “En España, la gente relaciona comida rápida con comida mala, pero también hay mucha buena. Imagina por ejemplo una porción de empanada gallega que te dan en el acto en un puesto, es comida rápida de primera calidad. Rápido no significa malo”, comenta el chef, quien recuerda que es absurdo que estos negocios no sean posibles cuando ahora mismo hay espacios públicos ocupados por “negocios arcaicos como churrerías, que muchas veces ni siquiera son buenas, o por puestos que venden chuches tóxicas”. “En cambio, no puedes encontrar comida callejera hecha con todo el cariño y la misma calidad que en un restaurante”, añade.

Este movimiento surgió cuando económicamente se hizo muy difícil acceder a los locales y “muchos se vieron obligados a empezar a desarrollar su talento en camiones”. “Mucha gente que quiere montar un negocio opta por meter 20.000 euros en un vehículo en vez de 180.000 en un restaurante. Eso ha hecho que el street food funcione también como un trampolín para jóvenes emprendedores que después se lanzan a otros proyectos”, cuenta el cocinero. Esta tendencia, aún por explotar, “puede generar en las ciudades un interesante ecosistema empresarial”.

Otra de las ventajas es el hecho de que los negocios móviles permiten generar una variedad de la oferta. En un mismo sitio podría haber productos diferentes dependiendo del día. Pero, de momento, los caminones de comida aún están muy lejos de las calles españolas. Hasta que algo cambie, los ciudadanos con ganas de comida callejera tendrán que seguir conformándose con los puestos de castañas.


Fuente: 20minutos