La Asociación Grandes Pagos de España

Pioneros del vino de finca

ELMUNDOVINO

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Filllaboa, desde la viña del Monte Alto.

Corría el año 1999 y un grupo de bodegueros de las dos Castillas que intentaban sacar adelante vinos de finca, o de pago según la antigua palabra española nacida del latín ‘pagus’, “finca plantada de vides u olivos”, y que no tenían ni una denominación de origen a la que acogerse por quedar fuera de sus límites geográficos, se unió en una asociación sin ánimo de lucro para reforzar ese tipo de vinos en un país en el que tenían mucha menos tradición que en Francia o en Alemania.

Eran sus cabezas visibles Carlos Falcó, marqués de Griñón, que llevaba dos decenios desarrollando su Pago de Valdepusa en Toledo, y Mariano García, ex enólogo de Vega Sicilia cuya bodega Mauro estaba justo fuera de la Ribera del Duero. Tras lanzar Grandes Pagos de Castilla, descubrieron con sorpresa que su idea atraía a colegas de todo el país, incluidos los de denominaciones establecidas, y pronto se convertían en Grandes Pagos de España. 

Al cabo de 15 años, la asociación ha paseado por el mundo la diversidad de caracteres locales en los vinos españoles, reflejando una realidad compleja de climas y suelos, y también de la coexistencia de castas foráneas introducidas en zonas vitícolamente subdesarrolladas (o incluso sin ningún pasado vitícola, como los montes de Toledo) y de castas autóctonas tradicionales en todas las zonas del país, salvo –por ahora- los archipiélagos.

Una cata de elmundovino nos acerca esta semana a los vinos que actualmente elaboran los miembros de Grandes Pagos, algunos famosos y otros poco conocidos, que ya son 27. Aunque comercial y técnicamente siguen siendo independientes, sus jornadas de trabajo técnico en común, sus visitas e intercambios han contribuido mucho a hacer progresar a los más noveles, a los que partieron casi de la nada en zonas de Castilla-La Mancha. 

Ha resultado sin duda decisiva para demostrar públicamente que los vinos de pago eran posibles en zonas donde tradicionalmente se ha elaborado con mezclas de uvas de muchas procedencias la incorporación de viticultores que defienden ese concepto en Rías Baixas (Fillaboa), Rioja (Finca Valpiedra), Jerez (Valdespino, la única casa que obtiene toda la uva para sus vinos secos de un solo pago, el Macharnudo Alto) y el cava (Gramona y Recaredo, comprometidos con los vinos de finca). 

La aparición de GPE tuvo mucho que ver con la creación de denominaciones de vinos de pago en al menos tres comunidades autóctonas, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana y Navarra. Pero ni todos los miembros de la asociación tienen denominación de pago –ya que muchos no pertenecen a esas comunidades- ni todas las bodegas con denominación de pago pertenecen a GPE, que es como un club privado con sus propias normas de admisión, muy exigentes en cuanto a calidad y a compromiso con la defensa de los caracteres impartidos por el terruño. 

En los últimos años, GPE ha presentado su variado abanico de vinos –bajo la bandera española, cosa poco frecuente hoy- en Estados Unidos, Canadá, México, China, Hong Kong, Corea, Suiza y Noruega, además de una serie de eventos en España. Los de 2014 empiezan con una presentación, la segunda, en el Celler de Can Roca en Gerona el 10 de marzo.

Fuente: elmundovino

 

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